El nuevo laboratorio de Puertosol se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de este curso. En menos de un mes, el alumnado de Biología de 1.º y 2.º de Bachillerato ya ha hecho cuatro prácticas, a un ritmo de una por semana, y esta vez les tocaba la tercera y la cuarta. Con ellas han empezado a estudiar las biomoléculas con prácticas propias de los primeros cursos universitarios, y el entusiasmo se ha notado en cada sesión. Después de aprender a manejar micropipetas y el microscopio óptico en las dos primeras prácticas, los alumnos han pasado a descubrir en primera persona la química de la que estamos hechos los seres vivos.

En la tercera práctica prepararon soluciones amortiguadoras, también llamadas tampón o buffer, y compararon su comportamiento con el del agua al añadirles ácidos y bases. El pH del agua cambiaba enseguida, mientras que el de la solución amortiguadora apenas variaba. Con este experimento entendieron por qué nuestro organismo puede mantener estable el pH de la sangre y de las células, algo imprescindible para que las enzimas y las proteínas funcionen, y por qué un pequeño desequilibrio puede tener consecuencias graves para la salud.

La cuarta práctica estuvo dedicada a la identificación de glúcidos. Con la reacción de Fehling, los equipos analizaron glucosa, fructosa, lactosa, sacarosa, almidón y agua como control. Los tubos de los azúcares reductores pasaron del azul al rojo ladrillo, mientras que la sacarosa y el almidón seguían azules. Después dieron un paso más: hidrolizaron la sacarosa, rompiendo el enlace que une sus dos monosacáridos, y al repetir la prueba el tubo se volvió rojo. Por último, identificaron el almidón con Lugol y comprobaron cómo la amilasa de su propia saliva era capaz de digerirlo. Así, el alumnado ha relacionado la estructura química de cada molécula con su comportamiento y ha visto con sus propios ojos procesos que ocurren en nuestro cuerpo cada vez que comemos.

Todo esto ha sido posible gracias a un laboratorio que combina material científico real con los recursos digitales del centro. Cada alumno trabaja con su iPad, donde consulta el protocolo de la práctica paso a paso, anota sus observaciones y elabora sus conclusiones. Las nuevas pantallas digitales del laboratorio permiten proyectar las instrucciones, compartir los resultados de cada equipo y, con el microscopio conectado, observar las células en tiempo real para que toda la clase vea, comente y aprenda a la vez lo que antes solo se veía a través de un ocular. Así, el laboratorio deja de ser un espacio aislado y se convierte en un aula científica conectada, como las de las facultades y los centros de investigación.

En cada sesión los equipos formulan hipótesis, siguen protocolos rigurosos, registran datos e interpretan resultados, es decir, trabajan como científicos. Es la misma metodología de grados como Biología, Biotecnología, Bioquímica, Farmacia o Medicina, y una preparación que les da ventaja tanto en la PAU como en su futuro universitario. Detrás de cada práctica semanal hay muchas horas de planificación, preparación de material y diseño de protocolos para que el alumnado de Puertosol viva una experiencia de laboratorio de primer nivel.

Esto no ha hecho más que empezar. Cada semana llega una práctica nueva, y desde aquí os iremos contando todo lo que ocurre en el laboratorio.

¡Os dejamos algunas imágenes de estas sesiones!

D. José Mariscal, Ph.D.